Miriam Makeba, hasta siempre
El lunes pasado, día 10 de noviembre, me quedé triste y sorprendida al oir la noticia: Miriam Makeba había muerto justo al acabar su último concierto en Italia el día anterior. Se trataba de un concierto anti-mafia en un pueblo cerca de Nápoles.
Miriam había actuado en Tilburg, Holanda, el día 5 de noviembre. El motivo del concierto en Tilburg era prestar apoyo a una ong que intenta mejorar la vida de la gente mayor en África. Como se recoge en esta noticia, esa noche el público dio varias ovaciones a la cantante. Yo me encontraba allí, rindiendo homenaje a esta mujer tan especial, consciente de que presenciaba un acto histórico. No porque pensara que la artista iba a morir pronto, sino porque se trataba del primer concierto después de que Barack Obama ganara las elecciones a la presidencia de EEUU. La noche era mágica, el público estaba esperando reencontrarse con la cantante y celebrar cantando el evento de la noche anterior. Se notaba. Se palpaba también el respeto que el público sentía por Makeba. Nada más salir al escenario, el teatro se puso en pie, espontáneamente, sin previo acuerdo.
De repente me di cuenta, uau, esta mujer es mayor. Caminaba con dificultad. Lo que yo no sabía es que había llegado al teatro en silla de ruedas. Nadie lo hubiera imaginado, porque la mujer se entregó, entregó todo lo que le quedaba. Eso sí, tenía que descansar de vez en cuando. Dejaba a la banda tocar y ella descansaba. Pero no se rindió. Acabo el concierto y además, concedió todos los bises que se le pidieron, dos. No nos cansábamos de aplaudir a lo largo de todo el concierto. En algunas secciones del teatro el público la acompañaba cantando, se sabían las canciones de memoria, tenía allí a sus seguidores de toda la vida.
En diversas ocasiones, por lo menos cuatro, Miriam dijo "We are happy today, you know ... because of Obama" y el público rompía en aplausos, yo la primera. Y ella reía y seguía gozando con la música porque, dijo, "I am happy if I sing". Quizás era su manera de ahuyentar los temores, el cansancio ... darse más y más al público.
La verdad es que, aunque me pesa que una mujer de su categoría haya muerto, celebro que le haya pasado de esta manera: haciendo hasta el final lo que le gustaba y apoyando con su música las causas que le parecían justas. Me alegro de haber compartido con ella uno de sus últimos conciertos. Guardo un entrañable recuerdo.
Gracias, estimada Miriam, por aquella noche. Seguirás cantando, te recordaremos feliz.
Miriam había actuado en Tilburg, Holanda, el día 5 de noviembre. El motivo del concierto en Tilburg era prestar apoyo a una ong que intenta mejorar la vida de la gente mayor en África. Como se recoge en esta noticia, esa noche el público dio varias ovaciones a la cantante. Yo me encontraba allí, rindiendo homenaje a esta mujer tan especial, consciente de que presenciaba un acto histórico. No porque pensara que la artista iba a morir pronto, sino porque se trataba del primer concierto después de que Barack Obama ganara las elecciones a la presidencia de EEUU. La noche era mágica, el público estaba esperando reencontrarse con la cantante y celebrar cantando el evento de la noche anterior. Se notaba. Se palpaba también el respeto que el público sentía por Makeba. Nada más salir al escenario, el teatro se puso en pie, espontáneamente, sin previo acuerdo.
De repente me di cuenta, uau, esta mujer es mayor. Caminaba con dificultad. Lo que yo no sabía es que había llegado al teatro en silla de ruedas. Nadie lo hubiera imaginado, porque la mujer se entregó, entregó todo lo que le quedaba. Eso sí, tenía que descansar de vez en cuando. Dejaba a la banda tocar y ella descansaba. Pero no se rindió. Acabo el concierto y además, concedió todos los bises que se le pidieron, dos. No nos cansábamos de aplaudir a lo largo de todo el concierto. En algunas secciones del teatro el público la acompañaba cantando, se sabían las canciones de memoria, tenía allí a sus seguidores de toda la vida.
En diversas ocasiones, por lo menos cuatro, Miriam dijo "We are happy today, you know ... because of Obama" y el público rompía en aplausos, yo la primera. Y ella reía y seguía gozando con la música porque, dijo, "I am happy if I sing". Quizás era su manera de ahuyentar los temores, el cansancio ... darse más y más al público.
La verdad es que, aunque me pesa que una mujer de su categoría haya muerto, celebro que le haya pasado de esta manera: haciendo hasta el final lo que le gustaba y apoyando con su música las causas que le parecían justas. Me alegro de haber compartido con ella uno de sus últimos conciertos. Guardo un entrañable recuerdo.
Gracias, estimada Miriam, por aquella noche. Seguirás cantando, te recordaremos feliz.



